miércoles, 19 de enero de 2011

Un trágico final

Mi existencia sin la resplandeciente luz de tus ojos esmeralda no tiene sentido, mil años, mil batallas, mil demonios, entre los que destacan los propios, me hicieron un vampiro anciano, fuerte, pero incapaz de existir en un universo donde no existas tu... o la posibilidad de encontrarte de nuevo...

"No se dan segundas oportunidades, pero cuando las almas están tan unidas como las suyas no es posible negársela...” dijo el anciano brujo vudú aquella noche en África hace ya casi 800 años “...sin embargo, si volvieses a perderla, no habrá una nueva…”

…si la hubiera, con que gusto esperaría otros mil años, mi Camille…

Eras un ángel, mi princesa, mi tesoro, mi orgullo, jajá pero podías ser una verdadera perra cuando te lo proponías, y debo confesar que me hizo gracia el ver como aniquilaste a ese patético Toreador, demostrando que no nos tiembla la mano como a los penosos Lasombra, ganándote el respeto de los de nuestro clan, mi niña, se había convertido en mujer.

No sé porque demonios tengo esta necesidad de correr, tengo este miedo encarnado y mis piernas no me dan la velocidad que requiero para impedir que entres en ese lugar, ¿Por qué diablos te estás metiendo allí?, ¿Por qué estas tirando al caño tanto esfuerzo? No mi niña, no entres, tu delicado cuerpo no soportara el peso de tanto poder.

Esto pensaba el viejo Ventrue, mientras corría desesperadamente por la explanada de la Basílica, sintiendo la puerta alejarse a cada uno de sus pasos, sabiendo que en el interior se encontraba la única razón de su furia, de su pasión, de su existencia…

Al fin llego y las piernas y los puños como jamás en un milenio le habían temblado, sentía la presión del amor a Dios que inundaba el templo aplastarle contra el suelo y quemarle al mismo tiempo, pero siguió, reconociendo en el suelo la roja melena ensortijada del amor de su vida, caminaba pesadamente mientras se internaba más en la Basílica de Guadalupe y veía con profundo dolor casi como en una película el cuerpo de la pequeña siendo perforado con la fuerza de la fe verdadera, al fin se arrojo a su lado y tomándola entre sus brazos pregunto al tiempo que una lagrima oscura manchaba su rostro perfecto.

-¿Por qué mi amor?- dijo sollozando con la poca fuerza que le quedaba

-Por cumplir una promesa, por estúpida, por la culpa de la traición que por primera vez oprimía mi pecho- respondió la pequeña al tiempo que la luz verdosa de sus bellos ojos se apagaba lentamente.

-Ya no importa-respondió el-ahora me iré contigo- y sonriendo resignado a su destino apretó a la pequeña contra su pecho, y con el último beso de su amor verdadero se despidieron de la no-vida desvaneciéndose entre la luz de los cirios que adornaban el altar.

Los caminantes, aquella noche en Basílica, presenciaron el asenso de dos estrellas, que adornaron el cielo con su fuerza y su luz, desapareciendo en la inmensidad del cielo.

Antoine Fornier. París, Francia, 979-París, Francia, 1011- México D.F., 1990

Karol Bolek. Cracovia, Polonia, 1939-México, D.F., 1958-México D.F., 1990

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