martes, 11 de marzo de 2014
fatalidad
-quien vive- sin dejar de apuntarle
- yo Armando uf, estas loco me mando Lud a apoyarte- mientras intenta levantarse pesadamente -soy Antoine
-Mmm y que te dice mi querida Lud-bajo a mi amante- si sabe que no necesito ayuda.
Antoine sonrie mientras revisa el lugar y dice
-Entre asi porque senti otra presencia y Lud dice que hay una rara alianza detras de todo esto y necesitara apoyo su pequeño chiquillo- se recompone como si no hubiera pasado nada- !oh no haz sentido que te vigilan¡
- ja no habra quien me detenga- voy terminando esto cuando detras de Antoine aparecen dos gigantes sombras peludas y mientras grito cuidado disparo y corro a la ventana y sonrio por mi treta me siguen como si no estuviera nadie, brincan por la ventana de un septimo piso, y sin pensarlo mas corro hacia Antonie y empiezo a bajar las escaleras llegando al la entrada veo dos camionetas negras esperandonos, esas malditas camionetas como las de Rio bajan 12 armados hasta los dientes y algo mas que odio se que sera dificil y sonrio a la muerte mientras digo.
-Siempre he dicho que estas salado
-En parte- se prepara y salimos a lo inevitable....
Caida de Oklahoma
Mas que daños fue mi retribucion de ser un Arzobispo y a volver a empezar y recuperar mi ciudad,es el pensamiento que pasa por mi cabeza, mientras veo por el retrovisor como se alejan las luces de la ciudad.
viernes, 18 de febrero de 2011
Hojas de Vampiro Interactivas
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miércoles, 19 de enero de 2011
Un trágico final
Mi existencia sin la resplandeciente luz de tus ojos esmeralda no tiene sentido, mil años, mil batallas, mil demonios, entre los que destacan los propios, me hicieron un vampiro anciano, fuerte, pero incapaz de existir en un universo donde no existas tu... o la posibilidad de encontrarte de nuevo...
…si la hubiera, con que gusto esperaría otros mil años, mi Camille…
Eras un ángel, mi princesa, mi tesoro, mi orgullo, jajá pero podías ser una verdadera perra cuando te lo proponías, y debo confesar que me hizo gracia el ver como aniquilaste a ese patético Toreador, demostrando que no nos tiembla la mano como a los penosos Lasombra, ganándote el respeto de los de nuestro clan, mi niña, se había convertido en mujer.
No sé porque demonios tengo esta necesidad de correr, tengo este miedo encarnado y mis piernas no me dan la velocidad que requiero para impedir que entres en ese lugar, ¿Por qué diablos te estás metiendo allí?, ¿Por qué estas tirando al caño tanto esfuerzo? No mi niña, no entres, tu delicado cuerpo no soportara el peso de tanto poder.
Esto pensaba el viejo Ventrue, mientras corría desesperadamente por la explanada de la Basílica, sintiendo la puerta alejarse a cada uno de sus pasos, sabiendo que en el interior se encontraba la única razón de su furia, de su pasión, de su existencia…
Al fin llego y las piernas y los puños como jamás en un milenio le habían temblado, sentía la presión del amor a Dios que inundaba el templo aplastarle contra el suelo y quemarle al mismo tiempo, pero siguió, reconociendo en el suelo la roja melena ensortijada del amor de su vida, caminaba pesadamente mientras se internaba más en la Basílica de Guadalupe y veía con profundo dolor casi como en una película el cuerpo de la pequeña siendo perforado con la fuerza de la fe verdadera, al fin se arrojo a su lado y tomándola entre sus brazos pregunto al tiempo que una lagrima oscura manchaba su rostro perfecto.
-¿Por qué mi amor?- dijo sollozando con la poca fuerza que le quedaba
-Por cumplir una promesa, por estúpida, por la culpa de la traición que por primera vez oprimía mi pecho- respondió la pequeña al tiempo que la luz verdosa de sus bellos ojos se apagaba lentamente.
-Ya no importa-respondió el-ahora me iré contigo- y sonriendo resignado a su destino apretó a la pequeña contra su pecho, y con el último beso de su amor verdadero se despidieron de la no-vida desvaneciéndose entre la luz de los cirios que adornaban el altar.
Los caminantes, aquella noche en Basílica, presenciaron el asenso de dos estrellas, que adornaron el cielo con su fuerza y su luz, desapareciendo en la inmensidad del cielo.
Antoine Fornier. París, Francia, 979-París, Francia, 1011- México D.F., 1990
Karol Bolek. Cracovia, Polonia, 1939-México, D.F., 1958-México D.F., 1990
miércoles, 8 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Mis intenciones...
Espere que los demás que vienen conmigo bajaran para después caminar hacia el salón principal, pero de pronto en ese aire viejo en la penumbra de este lugar descubrí un tenue aroma... un aroma familiar, tarde una fracción de segundo y de pronto sin pensarlo este aroma me transporto a otro lugar, si efectivamente es tu aroma endulzando este aire viejo, de no ser por Damian me hubiese quedado allí recordando los momentos contigo, en fin, continué por el mismo camino esperando encontrarte, y al llegar al gran Salón me di cuenta de que tu aroma provenia de una pulsera, me pareció extraño ya que era una pulsera tejida al parecer una artesanía, y no solo eso sino que estaba en el piso dentro de un dibujo, al levantar la cabeza vi a una mujer cuidando el lugar
Ventrue-Lasombra
Sé valiente y recto, así Dios te amara.
Di la verdad, aunque te acarree la muerte.
Protege al indefenso.
Y no hagas mal.
Ese es tu juramento"