martes, 11 de marzo de 2014

Caida de Oklahoma

Fuera de la fortaleza la conmoción del combate es como una melodía desenfrenada con sonidos de lo que hoy llaman Death Metal; los sonidos de disparos, los choques de espada, los gritos de dolor y de coraje, la llamada a la defensa, todo eso me peta los oídos, creando una gran cacofonía, aunado con los gritos de algunos vampiros diciendo como pudo pasar esto, todo esto combinado con la polonaise que suena en mi tocadiscos como fondo (era la canción que disfrutaba antes de empezar esto), se que tengo que tener la cabeza fría para contener el ataque, pero algo de lo que veo por la ventana no me gusta nada, como puede ser tal alianza, y como supieron los lugares débiles de nuestra defensa y los puntos claves tan rápido, mientras pienso en ello doy la orden de que se replieguen los pocos vampiros que quedan, dentro mis mejores manadas están cayendo como moscas (maldigo la 4 ta guerra civil y al que mando a ella espero que se pudra en el infierno y también lo se sin el apoyo necesario esta ciudad caería), pienso esto mientra tomo mi estoque de baño de plata , mientras, pienso, que tan oxidadas están mis habilidades y llamo a Mcfanagan.  Grito su nombre varias veces sin respuesta; se abre la puerta de par en par y entra Marcos Davila diciendo


-Michelle tiene que salir de aquí me temo que ha caído la ciudad- tan insolente como siempre, si no fuera por que es uno de mis mejores hombres le respondo con un tono de autoridad


- Y Mcfanagan


- Muerto, pero eso no es importante en estos momentos, mas importante es que salga de aquí- me irrita el tono en que me habla pero tiene razón agacho un poco la mirada y noto que su mano es un muñón


- y tu mano- acabando de decir esto se oye otra explosión en la parte de abajo de el piso


-a perdón pero hay también hombres lobo en el asalto- maldigo esta mala suerte, mientras empezamos a salir del lugar.


En el camino se nos unen otros vampiros mas pero en el patio trasero nos esperaba una cuadrilla de vampiros y hombres lobo, todo se revuelve el sonido de las balas, los gritos de guerra, el choque de las armas, los gritos de dolor y los aullidos. Tan rapido como un relampago salimos por la puerta trasera y chocamos con una pared de musculos pelaje y sed de sangre, vuelo por los aires con mi traje Yves Saint Lauren desgarrado, mientras maldigo al perro,  le obsequio un sablazocon todos mis buenos deseos a sus ojos, el llora lagrimas de sangre, yo ruedo en el piso; y despues de ese momento que parece eterno, todo se descontrola aun mas, golpes, gritos y mas, acompañan a nuestra salida de el refugio, solo tres salimos  Marcos Davila, Miranda Zamora y yo.
Mas que daños fue mi retribucion de ser un Arzobispo y a volver a empezar y recuperar mi ciudad,es el pensamiento que pasa por mi cabeza, mientras veo por el retrovisor como se alejan las luces de la ciudad.

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